¿Por qué nuestras noches son radicalmente distintas de nuestros días? Al cerrar los ojos, cruzamos una frontera donde la lógica convencional se disuelve para dar paso a un entorno donde lo cotidiano y lo fantástico convergen. Este enigma, que ha ocupado a la psicología durante siglos, cuenta hoy con nuevas respuestas gracias a un estudio publicado en Nature sobre la estructura semántica de los sueños publicado en Communications Psychology.
Mediante el uso de Inteligencia Artificial (LLaMA 3 y GPT-4) para analizar más de 3.300 informes de sueños y vigilia, un equipo de investigadores ha trazado un mapa cuantitativo que revela cómo nuestra personalidad, la divagación mental y las crisis globales moldean nuestra experiencia onírica.
La investigación identifica una ruptura estadística masiva entre el estado de vigilia y el sueño. Durante la vigilia, predomina el control voluntario, el razonamiento abstracto y una narrativa anclada en nuestras metas personales y posición física. Durante los momentos de sueño, la conciencia descentra el foco y nos convertimos en espectadores inmersos en un entorno virtual autónomo, caracterizado por una extrañeza extrema y una riqueza de detalles visuales muy superior a la vida despierta.
Uno de los hallazgos más sorprendentes de este trabajo es que nuestra actitud hacia los sueños altera su propia biología. De esta manera, aquellas personas que valoran su mundo onírico, tienden a reportar una mayor intensidad emocional y riqueza espacial. Esto sugiere que una alta sintonía con el mundo interno potencia los mecanismos cerebrales de generación de imágenes, creando un sistema de retroalimentación entre la curiosidad y la nitidez del sueño.
El estudio muestra, además, que existe un vínculo directo entre la divagación mental (mind-wandering) y el contenido extravagante de los sueños. La divagación mental (“mind-wandering”) se entiende como un acto análogo en la vigilia del acto de soñar. Ambos procesos comparten la capacidad de la mente para desvincularse de los estímulos externos y generar mundos autónomos, utilizando probablemente las mismas redes neuronales por defecto (DMN).
La divagación mental se define como la tendencia o propensión de una persona a desconectarse de los estímulos externos para enfocarse en el flujo espontáneo de pensamientos generados internamente. Las personas que divagan mentalmente con frecuencia muestran una mayor capacidad para involucrarse en experiencias espontáneas y autogeneradas que son independientes de la realidad exterior. En la práctica, esto significa que lo que tu mente hace mientras «estás en las nubes» durante el estado de vigilia, es un predictor de cómo soñarás. Esto se traduce en que las personas que suelen distraerse con pensamientos espontáneos despiertas, tienden a experimentar sueños con cambios de escenario más frecuentes.
Este estudio acerca de la naturaleza inmersiva y autocontenida de las narrativas oníricas, resuena con la visión freudiana del mundo onírico que, entre otras cosas, consideraba a los sueños como los «guardianes del dormir». Según esta perspectiva, la mente transforma las tensiones internas y los estímulos externos en imágenes coherentes generadas internamente, lo cual ayuda a preservar la continuidad del descanso. En este sentido, la vívida fenomenología de los sueños cumpliría una función protectora al atrapar a la mente en simulaciones internas, reduciendo la sensibilidad a los estímulos sensoriales externos.
El trabajo apunta también a que nuestros sueños actúan, además, como un barómetro de la realidad social. Al comparar los datos de 207 adultos con un dataset específico de 80 participantes durante el confinamiento por COVID-19 (abril-mayo 2020), los investigadores descubrieron cómo el estrés externo fractura el contenido onírico. Durante la pandemia, los sueños se saturaron de «limitaciones de libertad» y una elevada activación emocional. Sin embargo, la investigación documentó un proceso de normalización entre 2020 y 2024: a medida que las restricciones desaparecieron, la arquitectura de los sueños recuperó gradualmente su equilibrio y tonos afectivos base, demostrando que la mente posee un sistema de procesamiento diseñado para digerir y, eventualmente, disipar el impacto de los traumas colectivos.
Finalmente, esta reciente investigación, apunta también ciertas características personales que pueden predecir si tendremos sueños extraños.
La primera de ellas, como he señalado, la mayor propensión a la divagación mental; esta propensión fomenta que se produzcan cambios mucho más frecuentes de escenario en las narrativas, lo que contribuye directamente a la percepción subjetiva de que el sueño es extraño o ilógico.
En segundo lugar, la actitud positiva hacia los sueños, de manera que aquellas personas que muestran un mayor interés en los sueños y les atribuyen un significado importante tienden a generar experiencias más inmersivas durante el sueño; esta actitud positiva eleva de manera selectiva la rareza en sus narrativas oníricas.
En tercer lugar, las evaluaciones cognitivas demuestran que tener una menor vulnerabilidad a la interferencia (es decir, una mejor capacidad para no distraerse con información irrelevante) contribuye a reportar una mayor rareza en los sueños.
Este estudio no solo valida la importancia de nuestra vida mental interna, sino que posiciona a la IA como una herramienta indispensable para entender los procesos más humanos: aquellos que ocurren cuando apagamos la luz.
Referencias Elce, V., Bernardi, G., & Handjaras, G. (2026). Individual traits and experiences predict the content of dreams. Communications Psychology, 4(1), 69.