¿Por qué nuestras noches son tan radicalmente distintas de nuestros días? Al cerrar los ojos, cruzamos una frontera invisible donde la lógica se disuelve y la mente se sumerge en un territorio donde lo cotidiano se entrelaza con lo fantástico. Este enigma, que ha desafiado a la psicología durante siglos, ha sido abordado recientemente a través de un estudio sobre la estructura semántica de los sueños publicado en Communications Psychology. Mediante el uso de Inteligencia Artificial (LLaMA 3 y ChatGPT-4) para analizar 3.366 informes de sueños y vigilia de 207 adultos, los investigadores han trazado un mapa cuantitativo que revela cómo nuestra personalidad, nuestra divagación mental y las crisis globales moldean nuestra arquitectura onírica.
La investigación ha dilucidado una diferencia fundamental: mientras la vigilia es un proceso egocéntrico —anclado en nuestra posición física y metas personales—, el sueño genera una simulación perceptual alocéntrica. Esto significa que nuestra conciencia «descentra» el foco, convirtiéndonos en espectadores inmersos en un entorno virtual autónomo. Los datos revelan una ruptura estadística de magnitud masiva: los sueños exhiben una cualidad bizarra extrema y una riqueza de detalles visuales muy superior a la vigilia. Por el contrario, la vigilia se define por una mayor «agencia» —el sentimiento de control voluntario— y un predominio de pensamientos abstractos y razonamiento.
Uno de los hallazgos más interesantes es que la importancia subjetiva que otorgamos al mundo onírico altera su propia biología. La actitud hacia los sueños, no es solo una preferencia, sino un predictor de la calidad de la experiencia. Aquellas personas que valoran sus sueños reportan una mayor intensidad emocional, mayor bizarrismo y una riqueza espacial más profunda. Esto sugiere que, una alta sintonía con el mundo interno, podría potenciar los mecanismos cerebrales de generación de imágenes, o bien, que quienes experimentan sueños más vívidos desarrollan naturalmente un mayor interés por ellos, creando un círculo virtuoso de introspección y nitidez onírica.
El estudio apoya la hipótesis de la continuidad. Es decir, que lo que tu mente hace mientras «estás en las nubes» durante el día predice cómo soñarás. Existe un vínculo directo entre la propensión a la divagación mental y el contenido bizarro del sueño. Las personas que suelen distraerse con pensamientos espontáneos despiertas, tienden a experimentar sueños con cambios de escenario más frecuentes. Esto sugiere que el sueño es, en realidad, una forma intensificada de la divagación mental; ambos procesos comparten la capacidad de la mente para desvincularse de los estímulos externos y generar mundos autónomos, utilizando probablemente las mismas redes neuronales por defecto (DMN).
La divagación mental (“mind-wandering”) se entiende como un acto análogo en la vigilia del acto de soñar. Se define como la tendencia o propensión de una persona a desconectarse de los estímulos externos para enfocarse en el flujo espontáneo de pensamientos generados internamente. Las personas que divagan mentalmente con frecuencia muestran una mayor capacidad para involucrarse en experiencias espontáneas y autogeneradas que son independientes de la realidad exterior.
Los estudios sugieren que existe una continuidad entre este pensamiento espontáneo durante la vigilia y el acto de soñar. Bajo esta lógica, los sueños representarían una forma intensificada de divagación mental que ocurre mientras dormimos, compartiendo ambos procesos una base neuronal y cognitiva común
Este estudio acerca de la naturaleza inmersiva y autocontenida de las narrativas oníricas, resuena con la visión freudiana del mundo onírico que, entre otras cosas, consideraba a los sueños como los «guardianes del dormir». Según esta perspectiva, la mente transforma las tensiones internas y los estímulos externos en imágenes coherentes generadas internamente, lo cual ayuda a preservar la continuidad del descanso. En este sentido, la vívida fenomenología de los sueños cumpliría una función protectora al atrapar a la mente en simulaciones internas, reduciendo la sensibilidad a los estímulos sensoriales externos.
Este estudio apunta también a que nuestros sueños actúan, además, como un barómetro de la realidad social. Al comparar los datos de 207 adultos con un dataset específico de 80 participantes durante el confinamiento por COVID-19 (abril-mayo 2020), los investigadores descubrieron cómo el estrés externo fractura el contenido onírico. Durante la pandemia, los sueños se saturaron de «limitaciones de libertad» y una elevada activación emocional. Sin embargo, la investigación documentó un proceso de normalización entre 2020 y 2024: a medida que las restricciones desaparecieron, la arquitectura de los sueños recuperó gradualmente su equilibrio y tonos afectivos base, demostrando que la mente posee un sistema de procesamiento diseñado para digerir y, eventualmente, disipar el impacto de los traumas colectivos.
Finalmente, el estudio apunta también ciertas características personales que pueden predecir si tendremos sueños extraños. La primera de ellas, como he señalado, la mayor propensión a la divagación mental; esta propensión fomenta que se produzcan cambios mucho más frecuentes de escenario en las narrativas, lo que contribuye directamente a la percepción subjetiva de que el sueño es extraño o ilógico. En segundo lugar, la actitud positiva hacia los sueños, de manera que aquellas personas que muestran un mayor interés en los sueños y les atribuyen un significado importante tienden a generar experiencias más inmersivas durante el sueño; esta actitud positiva eleva de manera selectiva la rareza en sus narrativas oníricas. En tercer lugar, las evaluaciones cognitivas demuestran que tener una menor vulnerabilidad a la interferencia (es decir, una mejor capacidad para no distraerse con información irrelevante) contribuye a reportar una mayor rareza en los sueños. Finalmente, la forma en que las personas perciben y reportan la calidad de su propio descanso, también está estadísticamente relacionada con el nivel de extrañeza que presentan sus sueños.