Dar el paso para pedir terapia no es nada sencillo. A veces lleva meses decidirse a llamar a ese teléfono que le dieron. Lo más habitual, es sentirse muy inseguro y encontrar mil y una excusas como para ir aplazando la cuestión. Esta decisión, que ya para uno mismo puede ser difícil, se ve complicada también por algunas ideas que las personas suelen tener acerca de una terapia.

Por ejemplo: el hecho de pedir ayuda a un especialista en psicoterapia puede vivirse como un signo de debilidad, en el sentido de creer que eso significa que uno es incapaz por si mismo de resolver los problemas. En mi experiencia, éste es un primer mito bastante común. Deben tener en cuenta que al igual que cuando tienen una lesión, un accidente o un malestar físico, acuden al especialista del cuerpo, al médico, lo mismo sucede con nuestra mente, debiendo acudir entonces a profesionales de la salud mental especializados en psicoterapia.  Pedir ayuda no es sinónimo de no saber cómo hacer. Y entrar en terapia no significa que el terapeuta deba hacer o decidir por el paciente. Sino que más bien, y como resultado del proceso de terapia, se espera que el paciente pueda ir incorporando una habilidad para hacerlo de modo autónomo, con mayor confianza y seguridad en si mismo.

Otra expresión que encuentro habitualmente entre quienes me consultan es aquella de “seguro que usted ve cosas más graves que lo que yo le explico”. Y es que muy a menudo las personas creen que la terapia sólo debe reservarse como último recurso o para aquellos con problemas graves. Si bien esta es sin duda una opción, piense también en que buscar apoyo antes permite que una persona progrese más rápidamente. Es bastante habitual, no obstante, que en temas de salud, muchas personas vayan posponiendo el acudir a pedir ayuda, y eso puede agravar condiciones que si se hubieran abordado tempranamente, seguramente hubieran tenido otra resolución muy distinta. 

Muchas veces uno puede asustarse con la dependencia que podría generarse como resultado de un proceso de psicoterapia. Si empiezo la terapia, ¿continuará para siempre? ¿cuándo acabará? ¿y si no acaba nunca? ¿Y si la necesito de por vida?. Este es un temor bastante extendido, ante el que conviene tener en cuenta que la dependencia que se genera en una terapia es transitoria y en ningún momento debería ser estimulada por el terapeuta. Porque si así fuera, podrían abrirse franjas de riesgo de abuso o explotación en terapia. La frecuencia y duración aproximada o mínima de la terapia se discute conjuntamente entre el terapeuta y el paciente tras las entrevistas iniciales. Últimamente me llama mucho la atención que muchos pacientes vienen a consulta indicando que vendrán una vez por semana, como si esto fuera algo aplicable para todo el mundo. Conviene que entiendan que las personas se benefician de una amplia gama de duraciones de tratamiento, desde consultas a muy corto plazo hasta terapia a largo plazo o psicoanálisis, dependiendo del paciente y sus objetivos y necesidades. El hecho de que se proponga un trabajo de una frecuencia semanal de dos o más sesiones no es sinónimo tampoco de gravedad, sino muchas veces más bien de oportunidad para poder trabajar en profundidad ciertos conflictos o inhibiciones.

Otro de los temores que pueden aparecer ante el pensamiento de ir a pedir ayuda psicoterapéutica, es el miedo a sentirse juzgado. Este es un sentimiento muy extendido, y tiene su razón de ser, en tanto que acudir a terapia lleva a que la persona se sienta vulnerable al hablar de sus sentimientos. De este modo, es natural que se preocupen por lo que el terapeuta pensará o sentirá acerca de lo que se comparte. Sin embargo, debe tener en cuenta que el terapeuta no está allí para juzgarle, sino para escuchar y ofrecer una perspectiva diferente que permita ir ampliando la comprensión de los problemas. Pero también hay que saber que si ésto es una preocupación, es importante que lo pueda hablar en terapia.

En ocasiones puede también frenar el hecho de pedir ayuda, el sentir que si se habla de algo, uno se verá obligado a hacer ciertos cambios. Y es cierto que el poder hacer un trabajo de psicoterapia orientado a comprender la naturaleza de los problemas lleva a que uno mismo se de cuenta de los modos en que podría ir cambiando aquello que genera conflicto o ansiedad. El trabajo en psicoterapia abre nuevas perspectivas y opciones adicionales que quizá no eran tan evidentes al empezar un tratamiento. Pero no debería lo que vaya a describir de sí mismo. No se asuste. Tenga en cuenta que uno de los beneficios de una psicoterapia es obtener una mayor satisfacción tanto a nivel personal como profesional. La experiencia vivida en una psicoterapia psicoanalíticamente orientada o en un psicoanálisis, lleva a un mayor nivel de insight y conciencia de uno mismo, lo que redunda en una mayor confianza en uno mismo, un estado de ánimo más estable, la reducción de la ansiedad o los sentimientos depresivos, una mejora en la toma de decisiones y una mejor calidad de las relaciones que se establecen.

Si se siente confundido acerca de iniciar la terapia, tenga en cuenta que eso no significa que no pueda ser una opción válida para usted. Es de lo más común tener sentimientos contradictorios acerca de la idea de iniciar una terapia. Las vacilaciones sobre el inicio de la terapia pueden indicar la presencia de algo muy importante que entender acerca de nosotros mismos. Por esa razón, es recomendable tomarse su tiempo para explorar estas preocupaciones junto con su terapeuta. Por eso mismo también, al menos en mi forma de trabajar, dedicamos varias entrevistas iniciales para determinar el alcance del trabajo que podrá realizarse. No olvide tampoco que a la hora de buscar un psicoterapeuta, es una garantía de calidad el poder acudir a bases de datos avaladas por federaciones especializadas o entidades colegiales que regulen la formación de sus psicólogos o psiquiatras que hayan optado por especializarse en psicoterapia.